HERNÁNDEZ DE VENEZUELA A NICARAGUA, SIN ESCALA

¡Vuelve la burra al trigo! O en este caso, vuelve el general al palco de los amigos incómodos. El jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de Honduras, general Roosevelt Hernández, parece no tener problema en hacer turismo por los círculos más exclusivos del socialismo tropical.

Esta vez, su destino fue Managua, donde asistió como invitado especial a la juramentación del general Julio César Avilés, quien ocupó su cuarto mandato al frente del Ejército de Nicaragua.

El evento, que tuvo lugar el pasado 21 de febrero en la Plaza de la Fe, estuvo lleno de personajes ilustres, comenzando por los copresidentes de Nicaragua, Daniel Ortega y Rosario Murillo, ese dúo dinámico que lleva años perfeccionando el arte de la reelección perpetua.

 Acompañados por un desfile de uniformes y discursos sobre soberanía y resistencia, Ortega juramentó a Avilés para un nuevo período (2025-2031), como si fuera un trámite más en su oficina de dictador vitalicio.

Sancionado, pero muy bien acompañado.

El general Avilés, que no solo ostenta el título de jefe del Ejército nicaragüense sino también el de “persona non grata” en Washington, fue sancionado en 2020 por corrupción. Además, las organizaciones de derechos humanos lo acusan de haber hecho la vista gorda –o quizás algo más– cuando la policía y los paramilitares reprimieron violentamente a los manifestantes en 2018. Pero claro, en ciertos círculos de poder, las sanciones estadounidenses son casi una medalla de honor.

Y hablando de amistades polémicas, Roosevelt Hernández no es ajeno a las críticas. El año pasado, ya había generado controversia por su reunión con autoridades venezolanas que figuran en la lista negra de Estados Unidos por presuntos vínculos con el narcotráfico. Pero parece que al general hondureño le gusta mantener una agenda internacional de alto perfil, sin importar lo que digan en Washington o menos Dogu en Tegucigalpa.

¿Descuido o política exterior alternativa?

La presencia de Hernández en la juramentación de Avilés deja varias preguntas en el aire. ¿Es un simple descuido diplomático o acaso las Fuerzas Armadas de Honduras están explorando una política exterior propia, más inclinada a fortalecer lazos con regímenes sancionados? Sea como sea, el general sigue ampliando su red de contactos, aunque estos vengan con advertencias de la OFAC y reportes de derechos humanos en su contra.

Mientras tanto, en Honduras, el gobierno guarda silencio sobre la asistencia de su máximo jefe militar a tan distinguido evento. Es decir, como dirían en populacho siguen hurgando al macho con vara corta.

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