COMER FRIJOLES Y POLLO ES UN LUJO
Con la paja del cachimbazo de agua que dejaron las lluvias, el precio de los chímbaros, las tortillas y el pollo se fue arriba en pleno enero, convirtiendo el consumo de estos productos en un auténtico lujo para la catrachada, a la que ya de por sí le toca estirar hasta las últimas instancias el sueldito, al menos los que gozan el privilegio de tener una chamba.
Ese es el resultado, según algunos, de que el gobierno viva “desconectado de la realidad económica”, como les hizo saber el turco Eduardo Facussé, que ha montado una especie de cruzada en X para señalar la negligencia refundacional en ese aspecto, ya que, según él, “no es inaugurando canchas deportivas que solucionaremos la economía”.
Se refiere Facussé a la política patas arriba implementada por el gobierno refundidor, que con periodicidad casi semanal estrena campos de grama sintética para que la gente potree en ellos, misma gente que, sin embargo, que cuando va a la pulpería o al súper la ve prieta para llevarse la provisión correspondiente.
Pero vamos al grano, porque Adalid Irías, el de la Asociación de Defensa de la Canasta Básica de Honduras (Adecabah) dijo que el quintal de frijol se elevó desde los 1,800 hasta los 1,900 pesos: “significa que la medida de 5 libras que estaba entre 90 y 95 lempiras, ahora se cotiza a 100 lempiras en bodegas”, explicó.
Por su parte, la libra de pollo ahora vale 33 pesos, y eso se debe, según algunos comerciantes, a la devaluación del lempira, al ajuste del salario mínimo, y a las alzas a los combustibles. “Al menos 10 productos de la canasta básica han subido de precios en el inicio del 2025; ya no ajusta el dinero para hacer las compras”, señaló Jimmy Ponce, administrador de la Feria del Agricultor en la capirucha.
Caso parecido se da con las fábricas de tortillas, que ya avisaron del trancazo que se avecina debido a que la harina de maíz ya cuesta un ojo de la cara. “En enero hemos empezado con pie izquierdo porque los golpes son certeros para los consumidores”, manifestó Adalid al respecto, mientras las autoridades como que siguen haciendo oídos sordos al clamor.