CAFTA-DR: ¿LIBRE COMERCIO O “LIBRE ESTRÉS”?
A casi 20 años de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana (CAFTA-DR, por sus siglas en inglés), Honduras podría enfrentarse a una realidad que suena más a libre comercio con libre estrés.
Entre revisiones de cláusulas y posibles aranceles, el panorama económico nacional se perfila como un episodio dramático, lleno de giros inesperados y con un final que probablemente no favorezca al protagonista.
Actualmente, Honduras disfruta de la entrada de productos como maíz amarillo, arroz, soja y trigo desde Estados Unidos sin pagar aranceles, lo que ha permitido al país sostenerse en materia de granos básicos. En 2023, por ejemplo, importamos 7,6 millones de quintales de maíz, gastando unos 241,6 millones de dólares, casi como si estuviéramos comprando oro amarillo en lugar de maíz.
Por otro lado, nuestras exportaciones a Estados Unidos alcanzaron 1.872,3 millones de dólares en 2024, frente a unas importaciones que rozaron los 4.560,1 millones, dejando un déficit comercial de 2.687,7 millones. Sí, somos como ese amigo que siempre pide prestado pero nunca paga, aunque en este caso, con aranceles potenciales, podrían empezar a cobrarnos intereses.
Trump: la amenaza
Con el posible retorno de Donald Trump a la Casa Blanca, la amenaza de aranceles a mercancías importadas toma fuerza. Honduras, junto con sus vecinos centroamericanos, podría ser parte del “gran plan” de América para ponerle precio al libre comercio.
El Secretario de Desarrollo Económico, Fredis Cerrato, ha pedido al gobierno estadounidense que se revise el artículo 3.18 del CAFTA-DR, ese pequeño detalle que todos firmaron sin leer a fondo, que menciona algo sobre una “Comisión de Revisión Agrícola”. ¿La solución? Esperar que la revisión no se convierta en una avalancha de aranceles que aplaste nuestra ya tambaleante economía.
Si los aranceles se imponen, Honduras no solo enfrentará un déficit comercial más grande, sino también una posible crisis de abastecimiento de granos básicos y más desempleo. ¿Porque qué sería de nosotros sin nuestros 7,6 millones de quintales de maíz gringo? Aunque claro, siempre podríamos volver a sembrar nuestra propia comida, pero eso sería demasiado lógico y práctico para un país que parece apostar siempre al drama.
Mientras tanto, más de dos millones de hondureños sin empleo o subempleados se preparan para unirse al club de “sobrevivir es un arte” si los aranceles hacen su entrada triunfal. Así que ajustamos cinturones, porque el 2025 podría ser el año donde la “libertad” del libre comercio termine costándonos más de lo que podemos pagar.