AZUCARERAS DULCE DESPERTAR PARA DEPORTADOS

En un gesto de insuperable generosidad, la Asociación Nacional de Productores de Azúcar (APAH) ha decidido extender su mano amiga a los miles de hondureños que podrían ser deportados de Estados Unidos. Porque, claro, cuando se trata de garantizar derechos laborales y calidad de vida, no hay mejor opción que la dulce caña de azúcar.

El director de la APAH, Gerardo Guillén, conmovió al país al anunciar en el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep) que los seis ingenios azucareros asociados tienen listas miles de “plazas laborales de calidad” para recibir con los brazos abiertos a los compatriotas que sean gentilmente expulsados de tierras norteamericanas.

Un detalle que demuestra el compromiso del sector azucarero con la estabilidad del país… y con asegurarse suficiente mano de obra en plena zafra.

Entre las generosas empresas que hacen este noble ofrecimiento se encuentran Compañía Azucarera Chumbagua, Azucarera del Norte, Azucarera Choluteca, Azucarera Tres Valles, Azucarera Hondureña y Azucarera La Grecia, que han tenido la gentileza de proporcionar sus números de contacto, no sea que algún desafortunado repatriado aún no sepa de esta maravillosa oportunidad.

Guillén resaltó que estos trabajos permitirán a los afortunados obreros gozar de los derechos “indicados por ley”, lo cual seguramente les llenará de tranquilidad y júbilo. Además, mencionó que el sector genera aproximadamente 200 mil empleos directos e indirectos, lo que evidentemente significa que no hay mejor opción para la reactivación económica que cortar caña bajo el ardiente sol hondureño.

Pero la bondad de los azucareros no se detiene ahí. No solo ofrecen empleo, sino que también generan energía, y, por si no lo sabían, es la más barata que se inyecta al sistema nacional. ¡Qué maravilla! Trabajo duro, respeto por los derechos laborales y electricidad económica, todo en un solo paquete.

En un país donde el futuro de muchos deportados es incierto, APAH surge como un faro de esperanza, demostrando que siempre habrá un campo de caña esperando por aquellos que soñaban con el “sueño americano” y despertaron en un ingenio azucarero.

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